El relevamiento nacional de Zentrix Consultora muestra un escenario atravesado por el deterioro del poder adquisitivo: 53,2% asegura que agotó su paciencia esperando resultados, 81,2% dice que su salario pierde frente a la inflación y seis de cada diez tomaron deuda en los últimos seis meses.
La situación económica de los hogares aparece como el principal factor que atraviesa el humor social y las perspectivas políticas de cara a las elecciones presidenciales de 2027. El 59,8% de los argentinos consultados quiere que cambie el actual modelo económico, mientras que un 38,7% pretende que continúe y apenas 1,5% no fijó posición.
Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública de agosto de 2026 elaborado por Zentrix Consultora, un estudio nacional que relevó 1.466 casos en las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La encuesta fue realizada entre el 25 y el 31 de agosto y busca analizar conjuntamente percepciones económicas, situación personal, evaluación de dirigentes y expectativas políticas.
El resultado sobre el rumbo económico muestra, sin embargo, una situación más compleja que una división lineal entre continuidad y cambio. El modelo mantiene una base importante de respaldo, pero esa adhesión convive con una creciente impaciencia por la demora en la aparición de mejoras concretas en los ingresos y el consumo.
El propio informe resume esa contradicción señalando que 38,7% quiere mantener el mismo modelo hacia 2027, pero al mismo tiempo 53,2% sostiene que ya se le terminó la paciencia para esperar resultados económicos y solo 22,9% considera que esos resultados ya están apareciendo.

La continuidad del modelo divide según la clase social
La segmentación socioeconómica muestra una de las diferencias más marcadas del estudio. Entre quienes se identifican con los sectores altos, 60,7% quiere que continúe el actual modelo económico, frente a 36,8% que reclama un cambio.
La relación prácticamente se invierte en los sectores bajos: 72,6% quiere modificar el modelo y solo 25,3% pretende mantenerlo. En la clase media aparece, en cambio, un virtual empate: 49,5% se inclina por la continuidad y 50,1% por un cambio.
La edad introduce diferencias mucho menores. El reclamo por cambiar el modelo alcanza a 59,9% entre quienes tienen de 18 a 39 años, 61,1% en el grupo de 40 a 59 y 58,7% entre los mayores de 60. Es decir, la fractura económica y política parece estar mucho más asociada a la posición social que a una cuestión generacional.
Más de la mitad dice que ya no está dispuesta a esperar
La encuesta preguntó además hasta cuándo los ciudadanos están dispuestos a esperar resultados económicos del Gobierno. El dato central es que 53,2% respondió que “ya se le acabó la paciencia”.
Otro 22,9% sostiene que los resultados ya se están viendo, 8,1% está dispuesto a esperar hasta fin de este año, 4,8% hasta mediados de 2027 y 11% extendería el plazo hasta las próximas elecciones presidenciales.

También en este punto el malestar atraviesa las edades: el porcentaje de quienes manifiestan haber agotado su paciencia alcanza a 51,1% entre los menores de 40 años, 53,3% entre quienes tienen entre 40 y 59 y 54% entre los mayores de 60.
Cuando el relevamiento pidió definir en una palabra qué sentimiento generan los próximos doce meses, “incertidumbre” y “angustia” aparecen como las expresiones predominantes, acompañadas por términos como miedo, tristeza, preocupación y desesperación. “Esperanza” también ocupa un lugar destacado, aunque dentro de una nube de respuestas dominada por sensaciones negativas.
Ocho de cada diez dicen que el salario pierde con la inflación
La distancia entre los indicadores macroeconómicos y la percepción cotidiana aparece con claridad en otro de los bloques del estudio. El 81,2% de los encuestados considera que su salario no le está ganando a la inflación, mientras que apenas 14,3% sostiene que sus ingresos evolucionan por encima de los precios.
Al mismo tiempo, 65,8% considera que el dato de inflación difundido por el INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana. Solo 31,6% entiende que el indicador oficial representa correctamente lo que observa al momento de consumir.
La identificación política modifica la intensidad de esa percepción, pero no elimina el problema. Entre quienes votaron al oficialismo en las legislativas de 2025, 61,2% reconoce que su salario no le gana a la inflación, porcentaje que trepa a 95,2% entre los votantes opositores.
El dato resulta significativo porque muestra que la pérdida de poder adquisitivo es percibida incluso dentro de la propia base electoral gubernamental, aunque con una magnitud considerablemente inferior a la registrada entre los sectores opositores.
Para el 65%, los ingresos no alcanzan más allá del día 20
El problema salarial se vuelve más concreto cuando la encuesta consulta hasta qué fecha del mes alcanzan los ingresos. El 65% ya agotó sus recursos para el día 20, mientras que 22,9% consigue llegar a fin de mes y 10,7% declara terminar el período con capacidad de ahorro.
La distancia entre estratos sociales es especialmente profunda. En el sector bajo, 87,6% ya no dispone de ingresos al llegar al día 20 y ninguno de los consultados declara capacidad de ahorro. En el estrato alto, en cambio, apenas 7,3% llega a esa fecha sin recursos, mientras que 39,4% consigue finalizar el mes ahorrando.
Ese contraste es uno de los ejes centrales del trabajo de Zentrix: la consultora señala que el momento del mes en el que se interrumpe la capacidad de gasto se encuentra mucho más condicionado por la posición socioeconómica que por la edad.

El endeudamiento ya alcanza a seis de cada diez
La falta de ingresos suficientes tiene su correlato en el uso del crédito. El 60,2% de los encuestados tomó alguna deuda o crédito durante los últimos seis meses, contra 38,2% que respondió negativamente.
El fenómeno vuelve a crecer a medida que disminuyen los ingresos. La proporción de endeudados es de 43,4% en la clase alta, 52,1% en la media y llega al 70,2% entre los sectores bajos.
Pero no solo cambia la cantidad de personas endeudadas. También varía de manera sustancial el destino de ese financiamiento.
A nivel nacional, 55,6% atribuye su endeudamiento a la necesidad de cubrir gastos básicos como alimentos y salud, mientras que otro 20,4% menciona tarifas y servicios. La compra de bienes durables representa apenas 10,7% y las situaciones imprevistas otro 10,3%.
En los sectores de menores ingresos, 65,7% de las deudas se origina en alimentos y salud y apenas 2,8% responde a la compra de bienes durables. En el estrato alto, en cambio, 27,2% se endeuda por gastos básicos, 30,8% por tarifas y servicios y 29,6% para adquirir bienes durables.
La diferencia permite observar dos funciones completamente distintas del crédito: para los hogares de menores recursos se convirtió mayoritariamente en un mecanismo para sostener gastos esenciales, mientras que en los sectores altos conserva una participación importante como herramienta de consumo.
Salarios, incertidumbre y desempleo encabezan las preocupaciones
Ese cuadro también modificó el orden de los problemas que más inquietan a los argentinos. Los ingresos y salarios aparecen en el primer lugar, con 50,1% de las menciones, apenas por encima de la incertidumbre económica, con 49,8%.
El desempleo se ubica tercero con 40,9%, seguido por corrupción, con 39,6%; tarifas y servicios públicos, con 35,2%; inseguridad, 20,7%; deudas, 18,4%; educación, 16,4%; salud, 13,6%; e inflación, 12,7%.
El informe destaca un cambio respecto de mediciones anteriores: la corrupción dejó de encabezar el ranking por primera vez en varios meses y fue desplazada por cuestiones directamente relacionadas con la economía doméstica.

Milei mantiene fuerte respaldo en los sectores altos
La situación económica también encuentra correlato en la evaluación de la gestión presidencial. En agosto, 32,2% aprobó la administración de Javier Milei, 54,1% la desaprobó y 13,3% respondió que ni aprueba ni desaprueba.
La diferencia por estrato social vuelve a ser pronunciada. La aprobación de Milei alcanza 59,4% entre los sectores altos, baja a 36,3% en la clase media y cae hasta 22,4% en los sectores bajos.
En términos de imagen personal, Milei registra 32,7% de valoración positiva frente a alrededor de 56% de imagen negativa. Axel Kicillof obtiene 36,2% positiva y 50,5% negativa; Patricia Bullrich, 37,2% positiva y 49,8% negativa; Myriam Bregman, 41,3% positiva y 44,2% negativa; mientras que Victoria Villarruel registra 18,9% positiva y 55,3% negativa.
El estudio expone así una sociedad políticamente fragmentada, pero atravesada por una preocupación económica bastante más extendida que las pertenencias partidarias. Una parte relevante de la población continúa respaldando el rumbo iniciado por el Gobierno, aunque esa base se reduce a medida que desciende la posición socioeconómica y convive con señales de desgaste vinculadas a salarios, endeudamiento y capacidad de consumo.
De cara a 2027, esa parece ser la principal tensión que surge del relevamiento: el modelo económico conserva un núcleo significativo de apoyo, pero casi seis de cada diez quieren un cambio y más de la mitad asegura que el plazo para esperar mejoras ya se agotó.
El Monitor de Opinión Pública fue realizado mediante una encuesta online autoadministrada sobre 1.466 personas mayores de 16 años con acceso a internet, con una muestra no probabilística cuotada por sexo, edad y región y calibrada de acuerdo con la estructura del padrón electoral. La consultora informa un nivel de confianza del 95% y un margen de error estimado de ±2,1%, aunque aclara que, por las características de la muestra, los resultados deben analizarse exclusivamente a escala nacional y no extrapolarse de manera directa a provincias o localidades.
Monitor de Opinión Pública Agosto 2026


