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Editorial: Santa Isabel ante el espejo de sus propios datos

Editorial: Santa Isabel ante el espejo de sus propios datos

Durante seis días, Leguas Noticias publicó una serie de informes construidos a partir de los resultados del Censo Santa Isabel 2025 y de su posterior proyección estadística. Salud, trabajo, demografía, educación, vivienda y servicios, y finalmente composición de los hogares y participación comunitaria permitieron observar distintas dimensiones de una misma realidad. No se trató de señalar culpables ni de aprobar o desaprobar una gestión. Se trató, simplemente, de hacer lo que corresponde al periodismo: tomar información pública, explicarla, contextualizarla y ponerla a disposición de la comunidad.

El relevamiento original alcanzó a 2.217 personas y 854 viviendas. A partir de esa base se proyectaron los porcentajes obtenidos sobre una población estimada de 4.800 habitantes. Esa diferencia metodológica fue aclarada en cada publicación porque también forma parte de la responsabilidad de informar: una proyección no equivale a decir que cada una de las personas mencionadas fue efectivamente censada. Pero eso no le quita valor al diagnóstico. Por el contrario, permite disponer de una fotografía suficientemente amplia para empezar a formular preguntas importantes.

Lo que muestran los datos

En salud, el informe señaló que el 47,8% de la población no cuenta con obra social ni prepaga, una proporción que dimensiona el papel que cumple el sistema público. En trabajo, la informalidad alcanzó el 30,8%, prácticamente igualando al empleo formal, mientras que el 21,5% se declaró desocupado, con la aclaración indispensable de que esta última cifra no equivale a la tasa de desempleo que calcula el INDEC.

La demografía mostró otro desafío de largo plazo: el 22,3% de los habitantes tiene 60 años o más. No es un dato menor. Una comunidad que envejece necesita pensar con anticipación en salud, cuidados, accesibilidad, acompañamiento y espacios de integración para sus adultos mayores.

En educación, uno de los datos que más debate generó indicó que el 8,1% de los chicos de entre 4 y 17 años no registra asistencia escolar en curso. El propio informe advierte que esto no significa necesariamente abandono escolar y que cada caso debería analizarse individualmente. Esa precisión estuvo presente en nuestra cobertura porque un dato estadístico debe ser explicado en sus alcances y también en sus límites.

En vivienda y servicios aparecieron otras brechas. El 51,4% de las viviendas todavía depende del gas envasado, el 18,7% no cuenta con Internet y un 19,1% dispone solamente de agua fría en el baño. A esto se agregan situaciones de tenencia irregular, viviendas con contrapiso sin terminar y casos puntuales de hacinamiento o déficits sanitarios.

Finalmente, la composición de los hogares dejó otra señal para atender: el 45,4% convive con al menos un adulto mayor, mientras que el 23,4% está integrado por una sola persona. En paralelo, el 56,7% de la población no registra participación en actividades sociales, comunitarias, religiosas o recreativas. Los espacios deportivos aparecen como los principales ámbitos de encuentro, mientras que la participación comunitaria y organizativa es sensiblemente menor.

Tomados en conjunto, estos números no deberían ser una colección de porcentajes para archivar. Deberían convertirse en una hoja de ruta.

Del diagnóstico a las políticas públicas

Ese es, posiblemente, el verdadero valor de un censo local. Permite que una comunidad deje de discutir únicamente desde percepciones y pueda empezar a hacerlo desde evidencia.

Si casi la mitad de la población depende exclusivamente de la salud pública, habrá que discutir cómo fortalecerla. Si la informalidad laboral tiene semejante peso, deberán buscarse mecanismos de capacitación, formalización y articulación con el sector productivo. Si la población envejece, será necesario anticipar políticas de cuidado. Si existen chicos cuya asistencia educativa no está registrada, corresponde saber qué ocurre en cada caso antes de que una estadística se transforme en una trayectoria definitivamente interrumpida.

Lo mismo ocurre con el gas, la conectividad, las condiciones de vivienda o la participación ciudadana. Ningún gobierno puede resolver simultáneamente todas las demandas de una comunidad. Precisamente por eso los datos son útiles: permiten establecer prioridades, definir objetivos y posteriormente medir si las decisiones adoptadas mejoraron o no la situación encontrada.

El censo no debería ser utilizado para demostrar que todo está bien ni para sostener que todo está mal. Ambas lecturas serían igualmente pobres.

Cuando el dato incomoda

Sin embargo, durante esta serie ocurrió algo que también merece una reflexión. Algunas publicaciones generaron cuestionamientos, pedidos para retirar contenidos e incluso planteos para no continuar difundiendo los informes.

También hubo discusiones acerca de las imágenes utilizadas para ilustrar una problemática general y sospechas sobre una supuesta orientación política del medio por trabajar con información originada en organismos públicos. Son discusiones legítimas mientras permanezcan dentro del terreno del debate. Lo preocupante sería aceptar que la incomodidad provocada por una información constituye motivo suficiente para dejar de publicarla.

Hasta donde pudo verificarse, no surgieron objeciones que demostraran que los porcentajes difundidos por Leguas Noticias fueran distintos de los contenidos en los documentos oficiales utilizados como fuente. Hubo, en cambio, interpretaciones sobre lo que determinada publicación podía representar, a quién podía perjudicar o qué lectura política podía hacerse de ella.

Ahí aparece un problema más profundo.

Una fotografía ilustrativa no convierte automáticamente un diagnóstico general en una acusación contra la institución retratada. Del mismo modo, publicar información producida por un gobierno no significa adherir a ese gobierno. Los organismos públicos son, naturalmente, una de las principales fuentes de información pública. La obligación periodística consiste en identificar esa procedencia, analizar los datos, explicar sus limitaciones y conservar independencia para cuestionarlos cuando corresponda.

La información no tiene partido

Quizás una de las dificultades de las comunidades atravesadas por fuertes disputas políticas sea la tendencia a interpretar prácticamente cualquier información según quién gobierna, quién gobernó o quién podría resultar favorecido por su difusión.

Ese razonamiento termina empobreciendo el debate.

Si un indicador sanitario es preocupante, debería importar independientemente de quién ocupa circunstancialmente el gobierno. Si existe informalidad laboral, dificultades educativas o familias sin determinados servicios, esos problemas tampoco desaparecen porque hayan comenzado durante una administración anterior ni se vuelven automáticamente responsabilidad exclusiva de la actual.

Los problemas de una comunidad no tienen afiliación partidaria. Las soluciones tampoco deberían tenerla.

La oposición tiene derecho a controlar, cuestionar y proponer alternativas. Quien gobierna tiene la obligación de administrar, responder y rendir cuentas. Las instituciones tienen derecho a señalar cuando consideran que una información las afecta injustamente. Los ciudadanos pueden criticar a los medios. Y el periodismo debe conservar la posibilidad de informar aun cuando aquello que publica resulte incómodo para unos u otros.

Un punto de partida, no una condena

Los resultados del Censo Santa Isabel 2025 no deberían leerse como una sentencia sobre el pueblo. Mucho menos como una condena hacia quienes hoy tienen responsabilidades públicas.

Son un punto de partida.

Permiten conocer fortalezas y debilidades, descubrir situaciones que quizás permanecían ocultas detrás de impresiones generales y, sobre todo, disponer de una base para decidir qué Santa Isabel se quiere construir durante los próximos años.

Por eso sería un error que la discusión final quedara reducida a quién publicó los datos, qué fotografía acompañó una nota o a quién pudo incomodar determinado porcentaje.

La pregunta importante es otra: ¿qué hacemos ahora que conocemos mejor la realidad?

Una comunidad no mejora ocultando sus dificultades ni convirtiendo cada dato en una batalla política. Mejora cuando puede mirarse con honestidad, reconocer aquello que necesita cambiar y utilizar la información para construir respuestas.

Ese debería ser el legado más valioso de este censo.

Porque la información pública no pertenece al gobierno, a la oposición ni a un medio de comunicación. Pertenece a los vecinos de Santa Isabel. Y conocerla es el primer paso para poder transformar aquello que todavía necesita mejorar.

Resultados del Censo Santa Isabel 2025

PROYECCIÓN Y ACTUALIZACIÓN 2026

 

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