Alumnos de una escuela técnica bonaerense desarrollaron un sistema de pirólisis que transforma residuos plásticos en un combustible sintético. Tras meses de ensayos, lograron utilizarlo para poner en funcionamiento un motor de 150 centímetros cúbicos.
Un grupo de estudiantes de una escuela técnica bonaerense logró transformar residuos plásticos en un combustible sintético y utilizarlo para poner en funcionamiento una motocicleta, como resultado de un proyecto educativo que combina química, electromecánica, reciclaje e investigación aplicada.
La iniciativa se denomina PP Argento, por Petróleo Pirolítico Argento, y es desarrollada por alumnos y docentes de la Escuela de Educación Secundaria Técnica N.º 5 “2 de Abril”, conocida como el Industrial de Temperley, en el partido de Lomas de Zamora.
El proyecto comenzó a partir de una pregunta planteada en 2025 por un estudiante de séptimo año que actualmente ya egresó: si era posible obtener combustible a partir de residuos plásticos. La inquietud llevó al profesor Pablo Enjo, docente de Química y Reconocimiento de los Materiales, a iniciar una etapa de investigación junto con Antonio Cuella, profesor de Electromecánica.
Este año la propuesta fue retomada por estudiantes de cuarto año y cinco alumnos decidieron incorporarse al proyecto: Joaquín Magis, Bautista Orzuza, Alejo Ottaviano, Ignacio Moreira de Luca y Joaquín Centurión.

Del residuo plástico al combustible
La técnica utilizada es la pirólisis térmica, un proceso mediante el cual determinados plásticos, principalmente polietileno y polipropileno, son sometidos a altas temperaturas en un ambiente con escasa o nula presencia de oxígeno.
En esas condiciones, las cadenas que forman el material plástico se descomponen y generan gases que posteriormente son enfriados y condensados. El resultado es un líquido sintético del que pueden separarse distintas fracciones mediante procesos posteriores de tratamiento y destilación.
Los estudiantes diseñaron y construyeron diferentes versiones de un reactor experimental. El recorrido estuvo marcado por pruebas, errores y modificaciones. Uno de los primeros prototipos fue realizado utilizando una olla a presión, pero el recipiente no logró soportar correctamente las elevadas temperaturas requeridas.
En otro ensayo, la temperatura superó los 520 grados, lo que provocó la solidificación de ceras y la falla de una junta. La prueba fue interrumpida y el equipo analizó las causas antes de rediseñar el sistema, trabajando sobre aspectos como estanqueidad, control térmico, quemadores y tratamiento de gases.
El desarrollo demandó conocimientos de química, electromecánica, soldadura, tornería, termodinámica, mecánica de fluidos y metrología, además de la elaboración de informes técnicos y el análisis de las fallas registradas durante cada ensayo.

La prueba en una motocicleta
Después de varios meses de trabajo llegó uno de los principales resultados del proyecto. Parte del líquido obtenido fue destilado hasta conseguir una fracción con características similares a la nafta y posteriormente se realizó una prueba en un motor monocilíndrico de 150 centímetros cúbicos.
La experiencia resultó positiva: la motocicleta arrancó y el motor funcionó con el combustible elaborado en el taller de la escuela.
De acuerdo con las mediciones realizadas por los responsables del proyecto, una de las muestras alcanzó 103 octanos. Se trata, sin embargo, de un desarrollo experimental realizado en el ámbito educativo y no de un combustible homologado para su comercialización o utilización masiva.
El equipo trabaja ahora en una nueva versión del reactor con el objetivo de reducir la energía externa necesaria para sostener el proceso. Durante la pirólisis también se generan gases combustibles que pueden ser redirigidos hacia el propio sistema para contribuir al calentamiento.

El desafío de avanzar a una escala mayor
PP Argento también busca explorar alternativas para aquellos residuos plásticos que presentan dificultades para ser recuperados mediante los sistemas tradicionales de reciclaje.
El próximo objetivo es avanzar desde la escala experimental hacia un desarrollo de mayor capacidad, aunque para ello los responsables consideran necesario conseguir financiamiento, articulación institucional y participación de empresas u organismos interesados.
El proyecto ya despertó interés fuera de la institución y sus integrantes recibieron una invitación de Axion Energy para conocer la refinería de Campana.
Entre las posibilidades que evalúan los docentes aparece además la creación de una red que permita trasladar la experiencia hacia otras escuelas técnicas, capacitar a estudiantes y profesores y reproducir el desarrollo de reactores con fines educativos.
Más allá de su eventual aplicación futura, el proyecto consiguió convertir un problema ambiental concreto en una experiencia de formación tecnológica: los estudiantes pasaron de una pregunta surgida en el aula a construir un reactor, obtener un combustible experimental y comprobar su funcionamiento en un motor real.



