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Más de un tercio vive con problemas de salud de larga duración

Más de un tercio vive con problemas de salud de larga duración

Más de un tercio de las personas adultas declara convivir con una enfermedad o problema de salud de larga duración en los países relevados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El fenómeno plantea un desafío creciente: los sistemas sanitarios deben adaptarse para acompañar condiciones que pueden extenderse durante años o décadas, con mayor prevención, seguimiento y continuidad de los tratamientos.

Los datos más recientes de la OCDE confirman la magnitud del escenario. En promedio, más de un tercio de las personas de 16 años o más reportó una enfermedad o problema de salud persistente. La prevalencia, además, aumenta a medida que envejece la población y adquiere mayor peso la coexistencia de varias patologías en una misma persona.

Entre las enfermedades crónicas se encuentran el cáncer, las afecciones cardiovasculares, los problemas respiratorios persistentes y la diabetes. También existen trastornos de salud mental que pueden prolongarse durante largos períodos. Además de constituir importantes causas de mortalidad, estas condiciones generan una considerable carga de discapacidad y requieren atención regular.

Vivir más años también cambia las necesidades sanitarias

El informe The Value of Chronic Care, elaborado por Zurich Insurance Group, analizó información correspondiente a los 38 países que integran la OCDE y más de 200 condiciones crónicas. El trabajo estudió una década de datos para evaluar tanto la carga de estas enfermedades como la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios.

Uno de sus principales planteos es que los avances que permitieron reducir las muertes prematuras también modificaron el desafío sanitario. Más personas sobreviven y conviven durante períodos prolongados con enfermedades que necesitan cuidados continuos, lo que aumenta las exigencias sobre los propios pacientes, sus familias y los servicios de salud.

La investigación advierte, además, que disponer de mayores recursos sanitarios no garantiza por sí solo mejores resultados. Países con capacidades comparables presentan diferencias importantes vinculadas con la forma en que organizan y prestan la atención.

En ese sentido, el acceso, la coordinación y la continuidad de los cuidados aparecen como factores determinantes. Las dificultades económicas o geográficas pueden demorar diagnósticos, interrumpir tratamientos o provocar una atención fragmentada entre distintos profesionales y niveles del sistema.

La OCDE coincide en señalar la importancia de la atención primaria frente al crecimiento de las enfermedades crónicas. Este nivel puede desempeñar un papel central no solamente en el tratamiento, sino también en la prevención, el seguimiento de los pacientes y la coordinación con especialistas y otros servicios sanitarios.

Prevención y atención antes de que la enfermedad avance

El estudio plantea la necesidad de avanzar desde intervenciones aisladas hacia modelos capaces de acompañar al paciente durante todo el proceso. Una persona con una enfermedad crónica puede necesitar durante años atención primaria, especialistas, controles periódicos y tratamientos que deben mantenerse coordinados.

Por ese motivo, la prevención, la detección temprana y el seguimiento sostenido adquieren un papel cada vez más relevante. El informe advierte que, en numerosos mercados, la prevención continúa recibiendo una atención limitada frente a los recursos destinados a tratar enfermedades una vez que ya se encuentran instaladas.

La OCDE también sostiene que una proporción importante de las enfermedades crónicas puede prevenirse mediante la reducción de factores de riesgo modificables. Al mismo tiempo, el envejecimiento de las sociedades incrementa la presencia de estas patologías y, especialmente, de la multimorbilidad, es decir, la convivencia con más de una condición crónica.

Las diferencias socioeconómicas constituyen otro aspecto relevante. Los indicadores de la OCDE muestran que las enfermedades o problemas de salud de larga duración tienen mayor prevalencia entre las personas de menores ingresos, una brecha que agrega dificultades de acceso y continuidad asistencial.

Un desafío que crecerá con el envejecimiento

El informe de Zurich también observa diferencias entre los países latinoamericanos que forman parte de la OCDE. Chile, Colombia y Costa Rica presentan actualmente una carga comparativamente menor de enfermedades crónicas, favorecida en parte por poblaciones relativamente más jóvenes, mientras México enfrenta mayores desafíos dentro del análisis realizado.

Sin embargo, la tendencia demográfica introduce una presión común. El envejecimiento poblacional obliga a pensar la salud más allá de episodios puntuales de enfermedad y a fortalecer sistemas capaces de sostener cuidados durante períodos cada vez más extensos.

El desafío, según el estudio, excede a los servicios sanitarios y requiere coordinación entre diferentes actores. Sistemas públicos, empleadores y aseguradoras pueden intervenir en distintas etapas, desde la prevención y la detección temprana hasta el acceso al tratamiento y el acompañamiento de largo plazo.

La creciente supervivencia frente a enfermedades que décadas atrás tenían desenlaces más tempranos representa un avance sanitario, pero también modifica las prioridades. Vivir más años implica garantizar que esos años puedan transcurrir con la mejor salud y autonomía posibles, mientras los sistemas se preparan para una demanda de cuidados crónicos que continuará aumentando.

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