Martes, 26 de Marzo de 2019 22:21
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Sentido común: El menos común de los sentidos parte 3

Por Rogelio A. González.

La Demagogia es una estrategia utilizada para conseguir poder político. Consiste en apelar a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público para ganar apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la retórica y la propaganda.

Aristóteles escribe que cuando un gobierno persigue el interés general de su población es virtuoso pero si persigue el de un solo individuo o de unos cuantos se desvirtúa. La demagogia es frecuentemente asociada con el favorecimiento y la estimulación de las ambiciones y sentimientos de la población. Las promesas que suelen realizar los políticos durante las campañas electorales, son habitualmente criticadas como demagógicas, debido a la utilización intensiva de técnicas publicitarias características del marketing, a la personalización de las candidaturas, la manipulación de los medios de comunicación de masas postergando el análisis político escrito, y el recurso sistemático a polarizaciones absolutas (bien-mal, democracia-antidemocracia, desarrollo-atraso, honestidad-corrupción), o conceptos imprecisos ("el cambio", "la alegría", "la seguridad", "la justicia", "la paz", “el orgullo”).

Quienes cometen actos de demagogia son denominados demagogos. Para ello suelen contar con equipos de profesionales que aprovechan particulares situaciones histórico-políticas excepcionales, dirigiéndolas para fines propios, para ganar el apoyo de la población, mediante mecanismos publicitarios, dramáticos y psicológicos.

Dicho esto como explicación teórica vamos ahora a la explicación o demostración práctica, y está en evidencia frente a nuestros ojos con el festejo del “Día del Niño” dos semanas antes, curiosamente una semana antes de las elecciones, pero sin pensar en el más mínimo detalle que juega en contra a la psicología de los más pequeños sino que ponen y obligan a entrar en un situación muy incomoda a los padres a realizar las compras de regalos, cuando en la gran mayoría de los casos, ninguno ha cobrado su sueldo. Es hasta incomprensible que el municipio se ha el organizador del evento cuando a si mismo ha sido en el último tiempo incapaz de pagar sueldos antes del 5 de cada mes. Entonces la pregunta que se desprende es: ¿por qué lo hacen? ¿Por qué adelantar dos semanas el día del niño y justamente una semana antes de las elecciones? En el esfuerzo de no interpretar un razonamiento mal intencionado pero al mismo tiempo, de no caer en lo naif o inocente, no se encuentra otra respuesta dentro de la lógica, que lo que se pretende es dar un golpe de efecto ante la sociedad popular, ser el centro de la escena, en posición privilegiada que como oficialismo, el ejecutivo municipal lleva adelante un evento que lejos de ser un festejo para los chicos, es un acto de propaganda, dónde es casi probable que candidatos a concejales se muestren sonrientes y en primera línea ante los ojos de un masivo público, intuyendo que el primer candidato conduzca tras un micrófono el evento con reiteradas y hasta agotadoras adulaciones a la persona del intendente o a los logros de la gestión municipal. Eso ya ha ocurrido, no solo una vez, sino varias en el último tiempo y se puede prever que volverá a ocurrir enmascarado detrás de un festejo adelantado, fuera de contexto como tal y dentro si de la última semana de la campaña electoral. En síntesis, un trabajo para cautivar la retina, o “espejitos de colores” como se suele decir también, pero que sin lugar a dudas se acerca al concepto que se describiera al principio como demagogia.

De cosmética habitualmente saben mucho las mujeres, pero cuando esta se convierte en cotillón es sinónimo que el elemento decorativo de la fiesta dura solo un breve momento, recordable como anécdota o fortuitamente en alguna foto o video. Cuando se ve el trabajo de tomado de juntas con brea fría en las calles y avenidas de nuestra ciudad, es como un maquillaje de cotillón que dura muy poco tiempo, sin resolver el problema de fondo en cuestión, ya que al poco tiempo desaparece, como ha ocurrido en la avenida 51 con las obras del año pasado. Aquí volvemos al ejemplo anterior, nuevamente es algo que se hace para el efecto o la retina, para la foto, para los medios, para el Facebook (“nuevo medio de comunicación”), del cual mi persona en representación del semanario que realizo, he sido bloqueado y censurado al perfil público de la municipalidad, quizás por alguien que en un acto de autoritarismo, y aún luego de varias semanas persiste, intente que no se comunique la verdad sobre ideas y proyectos, que se han publicado en estas páginas, y que no se descubra tras la careta, que no hay una sola idea original, que se les ocurra, y aquí hay sobrados ejemplos como, bacheo en calles y avenidas, las rampas de acceso para personas con discapacidad, convirtiéndose nuestro semanario en un verdadero hacedor de proyectos de la gestión municipal, pero claro, como se va a reconocer semejante cosa, ¿cómo se me ocurre? Por el contrario, la premisa es: ninguneen al medio, no existe, no le pasen publicidad, no le pasen notas, no lo inviten a conferencias de prensa, etc, vamos a ver qué hace y cuánto dura. En este punto me voy a tomar el atrevimiento de hablar en primera persona, pero no por mí, sino por los lectores que semana a semana y desde el 2011 en 62 ediciones ha elegido informarse casi por primera vez en la historia de la ciudad, con un medio local. Entiéndase y rugo que así sea, que no es a mí, Rogelio González, el perjudicado, yo tengo mi trabajo gracias a Dios y no depende mi plato de comida el realizar o no este semanario, sino que en virtud el único perjudicado es el lector o mejor dicho los miles de lectores que han elegido al Semanario Leguas como su forma de informarse, así que cuando, todas las trabas que pongan en mi camino, creen hacerlas a mi persona en particular, les notifico que se equivocan y de manera muy grotesca, porque el cerrarme las puertas significa que se la cierran a los lectores de este semanario y por consiguiente a la gran mayoría de los habitantes de nuestra ciudad y de localidades vecinas.

“Con la democracia se come, se cura y se educa…” decía el último gran caudillo radical, pero ahora en la modernidad, también casi ¿se golpea? Parece ser que algunos mal interpretaron la estrella amarilla (casi ya despintada) que se encuentra frente al edificio municipal, como casi un potencial cuadrilátero boxístico, ya que cualquier reclamo u opinión “opositora” pueden propiciarte la amenaza de una golpiza. ¿Cómo? Así es queridos lectores ya que el rumor va en aumento con más de un caso, que por diferencias en una charla y hasta discusión se han ido a las “manos” como para intentar “resolverlo”, es a tal punto que, en una reunión de vecinos auto convocados por verse afectados por obras en beneficio al nivel de agua del balneario, se han perjudicado campos aledaños, lo anecdótico fue que uno de los vecinos quizás con un hartazgo desmesurado puso en el escritorio un revolver, que al puro estilo “far west” encasillo el tono del reclamo, provocando la caída del secretario interviniente de la silla, del susto que se pegó.

En un acto de sinceridad, no creo que nadie puede sentirse orgulloso por estas cuestiones, ni desde mi lugar como periodista al narrarlas, ni alguien que se digne ser representante del pueblo frente a la gestión municipal, es más considerable como vergüenza ajena, que como un orgullo, porque son cosas que en una ciudad pequeña como la nuestra no deberían suceder, y como están sucediendo en tan solo 19 meses de gestión aún se está a tiempo de rectificar el curso mal encaminado, espero que la autoridad máxima municipal, sea consciente de ello, por su bienestar, por su imagen y por el respeto que todos los ciudadanos le tenemos y que él nos debe tener con su ejemplo. ■