Domingo, 20 de Enero de 2019 13:16
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No se promete lo que no se puede cumplir... ¿O no se quiere?

El lado B de las noticias.El lado B de las noticias.

Por Rogelio A. González

Después de un 2012 informándoles con la mayor pluralidad y veracidad, a modo de un breve repaso por los acontecimientos ocurridos y los que faltaron por hacer, y con el fin de que podamos tener una reflexión en beneficio de todos los cañaseños, les proponemos un rápido análisis, principalmente también porque el 2013 será un año de elecciones legislativas para nuestra ciudad.

Muchas palabras quedaron grabadas e impresas en este semanario durante este 2012. Y por más que se les trato de darle una explicación, cuando se terminaron los argumentos, se recurrió a la retórica, para encerrarse en el mono discurso, alabador hasta el hartazgo detrás de una persona que en vez de beneficiarla la perjudican poniéndole más peso en sus hombros de los que pueda cargar.

¿Es esto justo? No, realmente no. Y lo digo desde el aprecio personal que tengo hacia esta persona en particular, como en su mayoría los cañaseños tienen. ¿Es él consciente de esto? Quiero llegar a pensar que no, pecando tal vez un poco de incrédulo, o bien, tratando aún de tener un buen concepto sobre él. Por ahí, en uno de los tantos festejos del año, pude escuchar que una vecina le dijo: "tu oposición está a tu entorno". Realmente esas palabras me shockearon. ¿Es así?

En la inexperiencia de hacer las cosas en el "día a día", puede quizás que sea así, porque se eligió o consensuo armar un ejecutivo joven, pero netamente sin experiencia, muchos, en su mayoría debieron durante el año tener que recurrir a innumerables capacitaciones para ejercer sus cargos. Sin más y sin tan lejos, usar recursos económicos que podrían ser utilizados para otras cosas. Si se hubiera acudido en la primera instancia a profesionales o personal político con una previa noción de lo que se debe hacer, para que no haya "baches", a la hora de ejecutar la función pública. Pero los baches sobran, pero en nuestras calles.

A algunos, a lo largo del año, mi bicicleta ya automáticamente aprendió a esquivarlos solos. Claro, tengo movilidad inteligente, y no me hizo falta tener un Audi A4 para darme cuenta que los baches en la ciudad no existen. Como comencé diciendo, muchas palabras quedaron grabadas e impresas en el semanario durante este 2012. Y que mayor alegría me hubiera dado, ver que mínimamente un bache por mes, se hubiera reparado. Investigué y según se me informó, aproximadamente cada sector de pavimento a reparar cuesta alrededor de $5.000, es decir, que en 10 meses con sólo $50.000, tendríamos mejores calles y avenidas en nuestra ciudad. Lo pregunté y lo re pregunté, “¿no se está trabajando más para la retina que para lo tangible?”. Y tras el enojo, el interlocutor, respondió con un rotundo, “no”. Pero durante el 2012, se hizo exactamente lo contrario.

Allá por finales de marzo, se tenía una esperanza. En sus ojos lo pude ver, tras que éste, viera en la tapa del semanario que se publicaba la noticia, que Teodelina había adquirido un nuevo camión compactador de residuos domiciliarios. “Ojalá nosotros podamos hacerlo también”, me manifestó. Números, más o menos, una unidad de este tipo cuesta en el mercado $600.000. Existe una ordenanza que autoriza tomar un crédito para realizar esta compra. Pero, por otro lado, y volviendo al final del párrafo anterior se “invirtió” más en espectáculos, de uno o tres días, en vez de algo realmente tangible. Medio camión compactador ya se hubiera pagado, sin recurrir a un crédito; por ende, sería menor el costo de endeudamiento y pagos de intereses. Pero bueno “había” que festejar los 25 años de la declaración oficial de ciudad, y que era una oportunidad como pocas. Si fue lindo, lo disfrutamos todos, pero a los pocos días, la realidad paso su factura. Después del recital, sólo funcionaba un camión compactador, porque el otro se había roto.

Otras de las inversiones durante este año, fue el obligado festival cultural provincial. La ministro tras su presentación finalizó diciendo: “A trabajar, a trabajar y a trabajar”. Mientras tomábamos mate al fondo del salón, un funcionario susurró: “Trabajar lo haremos nosotros, no creo que vos”. Y bien que lo hizo el pobre, se lo ha visto colgado, tiempo después pintando los techos de rojo, a uno de los galpones “prestados” para tal fin. Se invirtió mucho tiempo, dinero, recursos humanos, casi sin descanso, para “simpatizar” al ejecutivo provincial. Sí, la meta se logró, quedaron muy satisfechos de lo que los cañaseños somos capaces de hacer, pero… (Sí, siempre hay un pero)… La ruta 94 se arregló parcialmente, y no como promovía fervorosamente un diputado allá por febrero; escasos o pocos recursos fueron los que vinieron desde la provincia al municipio. El beneficiado de siempre fue Venado Tuerto, que le seguimos aportando datos de natalidad para que esta ciudad reciba más recursos, mientras que acá, tenemos una maternidad, juntando tela de arañas.

Parece periodismo opositor o militante como se me ha acusado, ¿no? A nadie se le ha caído un pedido de disculpas por ese exabrupto. Tampoco, un simple “felicidades” por nuestro primer aniversario. No es por mí, sino es por el medio, es por la gente, que merece estar informada objetivamente de las cosas que pasan en la ciudad. Es una falta de respeto para un medio de comunicación de nuestra ciudad, que bien durante todo el año manifestó los logros de la gestión, pero que de repente, se convirtió en el objetivo del ninguneo existencial. Comienzo a creer como verdaderas y válidas, las palabras de esa vecina que cité. Comienzo a usar anteojos de sol, para no quedar encandilado con tanto brillo que emanan los espejitos de colores virtuales de Facebook. Se gastó asfalto para casi 200 metros en los galpones, pudiendo haberse usado en calles que son intransitables cuando caen cuatro gotas en los barrios. Los galpones son eso, galpones, por más que se lo embellezcan no deja a sonar como una palabra que simboliza deterioro.
Se gastaron muchas toneladas de cemento en arreglar y reacondicionar el balneario, si quedó hermoso, lo reconozco y en buena hora que se pretenda fomentar el turismo, pero las calles y avenidas de nuestra ciudad en donde vivimos todos los días, siguen rotas. Sólo unos pocos, los sectores de mejores recursos, con sus lanchas, sus motos de agua, veleros o parapentes, disfrutarán de estos hermosos días en la “laguna”, que no deja de ser agua estancada. ¿Quedará algún pez vivo luego de tanta motonáutica circulando?  El resto de la población, los que no puedan recorrer los 14 km que significa ir y volver, sólo lo verá por internet, si es que tienen internet o teléfono celular con 3G.

Los que hace sólo un año, disfrutábamos de la “Vía de la salud”, ya no lo hacemos, porque se quiso no mantener. Los que vimos, emocionados el descubrimiento de la placa bendecida por el propio cura párroco Juan Riganelli, en el barrio que lleva su nombre, sólo nos queda el recuerdo de ese día o una foto, porque la placa ya no está, y con ella, el homenaje al querido Padre Juan. Los que se esperanzaron con la Casa de la Cultura, sólo pueden sentirse frustrados, ojalá que no vencidos, porque lo que creen haber ganado, sólo consiguieron con esa actitud, una derrota. Por suerte, no lograron un objetivo. El ANSES se inauguró igual.

Este análisis, o balance de todo un año periodístico, sólo pretende despertar a los adormecidos, a los que se la tengan que jugar, que lo hagan en serio. Hacer política es debatir, confrontar, no buscar quedar bien con todos. A los que ya no dialogan vuelvan a dialogar, a los que te sonríen de frente pero te falsean a tus espaldas, abandonen esa actitud. A los que chicanean, a los que atomizan los partidos políticos, generando discordia en vez de un consenso común. Sólo se pretende, de esta opinión, la reflexión que como comunidad tenemos la oportunidad única de aprender de nuestros errores, todos los cometemos todos los días, nadie está exento a eso. Estamos obligados a aprender y a enseñar, que somos capaces de generar una sociedad mejor, por y para el bienestar de todos y cada uno de los cañaseños, nativos o por opción, de vivir en una ciudad próspera como todos nos merecemos. ■